Tratamiento de cicatrices: Un diagnóstico personalizado para conseguir un resultado natural

Casi todas las personas tenemos alguna cicatriz en nuestro cuerpo. Todas ellas son marcas que el transcurso de la vida imprime en la piel produciendo alteraciones que a menudo no resultan de nuestro agrado. Aunque la cirugía reparadora y otros tratamientos pueden reducirlas o incluso eliminarlas, cada cicatriz es distinta y única, como único es cada paciente. Solo el diagnóstico y la atención personalizada podrán definir tanto el procedimiento a seguir como los resultados esperables.

La cicatrización se inicia cuando el organismo trata de reparar una lesión de la piel produciendo una cantidad de colágeno adicional que permita regenerar o sustituir el tejido dañado. Este proceso es diferente en cada persona siendo determinantes factores como la edad, el tipo de piel y los cuidados que se hayan tenido en su curación. 

En la primera consulta, el Dr. Arquero analizará tanto la historia clínica del paciente como el estado de la cicatriz, y le comentará las posibilidades que le ofrecen la cirugía y otros tratamientos alternativos adecuados para su caso. La causa de la cicatriz, la parte del cuerpo en la que se encuentre o el tiempo transcurrido desde su aparición nos ayudarán a recomendar al paciente un tratamiento certero y eficaz. 

Las cicatrices pueden ser muy buenas, casi imperceptibles, pero también defectuosas por su anchura (dehiscentes) y pigmentadas o muy malas como las cicatrices hipertróficas y los queloides. Reducir el largo y el ancho, disminuir la profundidad, suavizar el enrojecimiento… Las técnicas modernas pueden mejorar el aspecto de las cicatrices hasta volverlas casi imperceptibles o incluso borrarlas completamente. Sin embargo, en algunas ocasiones los tratamientos podrán rehacer o disimular la marca pero no eliminarla del todo porque “allá donde hay una cicatriz, siempre habrá una cicatriz”. Por ello, en este primer encuentro, el doctor Arquero le preguntará a cada persona por sus expectativas y le ofrecerá una previsión de resultados para que esta tenga toda la información necesaria a la hora de valorar la propuesta y tomar una decisión.

¿CUÁL ES EL TRATAMIENTO MÁS ADECUADO PARA MÍ?

Hoy día disponemos de un amplio arsenal de técnicas que ayudan a disminuir la evidencia de una cicatriz. En cicatrices poco importantes como las marcas de acné o pequeñas marcas, recurrimos a la medicina regenerativa como el plasma rico en plaquetas (PRP) y la grasa, que ayudan a regenerar los tejidos y recuperar volumen; el peeling con láser CO2 y la dermoabrasión eliminará las capas superficiales de la piel y, a través de la exfoliación, hará que la superficie dañada sea cubierta por una nueva capa que cubrirá la cicatriz.

Para cicatrices de mayor tamaño derivadas, por ejemplo, de intervenciones quirúrgicas o accidentes, será necesario realizar un tratamiento de resección. A través de esta cirugía se retira el tejido cicatricial y se suturan los bordes para unirlos de nuevo. En algunas ocasiones este procedimiento debe realizarse en dos o más fases hasta conseguir que la piel sana se estire lo suficiente de tal manera que podamos evitar aumentar la longitud de la cicatriz.

Si la cicatriz es demasiado grande como para realizar la resección, recurriremos a la implantación de injertos o a la confección de colgajos de piel, estos últimos, en ocasiones, ayudados con expansores que aumentan la superficie cutánea disponible mediante la la inyección de suero en una bolsas que se han colocado bajo la piel que rodea a la zona cicatricial .

En resumen, la forma de eliminar una vieja cicatriz es, efectivamente, crear una nueva herida que, bajo los cuidados y la vigilancia médica adecuados, dejará una marca mucho menos perceptible que la anterior, llegando incluso a desaparecer.

La anestesia a aplicar podrá ser general o local con sedación, dependiendo de cada caso. La cirugía de cicatrices superficiales puede practicarse en régimen ambulatorio, las intervenciones más complejas, por el contrario, pueden requerir ingreso hospitalario. 

Una opción para las personas más imaginativas es tapar la cicatriz con un tatuaje que la convierta en una obra artística más estética e igual de perdurable en el tiempo que la marca original. Estos tatuajes deben realizarse siguiendo precauciones especiales, por ejemplo, debe esperarse un mínimo de dieciocho meses desde que se produjo la cicatriz y nunca tatuar tejido con aspecto inflamado o color rojizo. Esta opción es elegida por muchas mujeres que, tras someterse a una mastectomía, deciden realizarse un tatuaje que emule el pezón natural o presente una forma creativa que favorezca el proceso de aceptación que conllevan este tipo de intervenciones.

Otras técnicas pueden ser las inyecciones de ácido hialurónico, la criocirugía, la transferencia de grasa o la luz intensa pulsada (IPL). Todas ellas responden al deseo humano de eliminar del cuerpo las marcas producidas por los imprevistos de la vida o el paso del tiempo. Curiosamente, estas señales se han considerado signos de veteranía y fortaleza en otras épocas y culturas. Sin embargo, a día de hoy, no encajan con el ideal estético occidental, que apuesta por la simetría, la juventud y la búsqueda de la perfección.

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